04 marzo 2012

Gracias Sorbas

 
Llegué a Sorbas, había pasado mucho tiempo desde la última vez, anochecía y el termómetro del coche me indicaba que la temperatura era fresca, me dirigía a un precioso hostal rural que me recomendaron. Las tortuosas calles del pueblo apenas me dejaron acercar mi destartalado furgón hasta el alojamiento.
Apenas había puesto pie en tierra sentí calor, el calor de Sorbas, una confortable sensación, agradable y sincera que no había alcanzado a percibir el sensor de mi coche. Todo es bello y contradictorio en Sorbas, imperceptible para los más modernos chips electrónicos,  la fuente que no mana pero que refresca, el  hogar del pensionista que rebosa  juventud, un tal Villaespesa, que  no era sorbeño pero que se sienta orgulloso en el mirador del barrio alto.
El hostal antiguo pero actual me prometía descanso, cambié por unas horas mi techo de gotelé por las vigas de noble y centenaria madera, el terrazo por la sólida solería hidráulica de nuestros abuelos, la escalera de granito por el erosionado mamperlán, testigo del tiempo.
Estoy como en mi casa, de hecho dispongo de un juego completo de llaves del edificio, que con toda naturalidad me han confiado los propietarios del establecimiento.
Ahora toca inscribirme en  los encuentros espeleológicos, organizados por el Grupo de trabajo de Sorbas. Bajo por la calle de la cuesta, que podía ser cualquiera del pueblo, encaro la calle de Alcalá (esto me suena) y cruzo por el terraplén. Al volverme contemplo la contradictoria Sorbas, asomada como Toledo a un tajo, pero sin el Tajo.
Mis amigos habían tomado posesión del polideportivo municipal, que atrevimiento, tiendas de campaña por doquier, extraños personajes deambulaban con estrafalarios atuendos, incluso se reunían en improvisado ritual en derredor de las hogueras. Todo parecía propio de un entorno radical o revolucionario, sin embargo no tardé en comprenderlo todo.
La clave era Gloria, una joven y entregada concejala de deportes y juventud, era ella, sin duda, la orfebre de tan extraño acontecimiento, puso a disposición del GTS lo mejor de sus instalaciones. Sin remilgos, Gloria repetía una y otra vez su decisión  y la de su ayuntamiento de colaborar con todas sus fuerzas, “llamadme a cualquier hora y pedidme lo que os haga falta, incluso de madrugada, si está en nuestra mano lo tendréis”, repetía sin cesar. 
El desarrollo del evento espeleológico lo escribirán otros. Habrá planos, fotos y memorias. Yo sólo quería contar mi experiencia humana en Sorbas. El “Tesoro de Sorbas” no se encuentra sólo bajo tierra, está también en sus gentes. Esta vez no tardaré tanto en volver.
Escrito por Granaíno Quirós del GTS)
Remitido por Jaime Vera

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Federación Andaluza de Espeleología
www.espeleo.com
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