17 mayo 2014

Descubrimiento de la espeleología para personas con sordoceguera.


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En la sima del Lagarto, sin ver ni oír

Villaluenga se convierte en escenario del primer curso de espeleología realizado por personas con sordoceguera. Tras varios días de preparación, ayer descendieron por una de sus cuevas.
A.R./Efe Cádiz | Actualizado 16.05.2014 - 05:01


Nada ha tenido que ver con los demás cursos que ha impartido. Es la conclusión que sacó ayer el instructor de unas jornadas formativas de espeleología que se han realizado esta última semana en el Centro de Tecnificación Deportiva y Espeleológica que la Federación Andaluza de este deporte tiene en Villaluenga del Rosario. Un curso especial y pionero, porque por primera vez los alumnos que iban a descender por la sima eran personas sordociegas.

Esta novedosa iniciativa partió de miembros del Servicio contra Incendio y Salvamento del Ayuntamiento de Sevilla, junto a la Federación de Espeleología y en colaboración con la Asociación Española de Familia de Personas con sordocegueras (Aspacide). En el centro de esta asociación en Sevilla, los bomberos dieron varias charlas sobre espeleología, se planteó la posibilidad de vivir esta experiencia y siete personas se animaron a hacerla.

Y ha sido positiva porque "salió como se esperaba", comentaba ayer el instructor del curso, Miguel Ángel Carranco, bombero y espeleólogo desde 1989, que asegura que le gusta "que la gente conozca el mundo subterráneo". Durante los primeros tres días, los alumnos -siete en total- estuvieron aprendiendo a desenvolverse con los equipos, preparándose en el rocódromo y conociendo también la teoría sobre las cuevas. "Han estado muy motivados, hacen muchísimas preguntas", apuntaba Carranco, que ha contado también con intérpretes que han aprovechado la ocasión para aprender sobre este deporte. Su discapacidad es "una dificultad añadida, no un problema añadido", apostilló sobre estos alumnos que han demostrado una gran habilidad y capacidad de aprendizaje.

Ayer fue el día grande. El momento de adentrarse en una de las cuevas y descender. El lugar escogido fue la sima del Lagarto, con una cota de unos sesenta metros de profundidad y que, por tramos, empezaron a hacer los alumnos junto a los instructores. No todos consiguieron hacerlo completo, pero es algo que suele ocurrir en cualquier curso de espeleología que se hace. Para este importante paso se habilitaron cuerdas para que pudiesen pasar juntos el instructor, el mediador y el alumno y en cada zona de dificultad se habían puesto unas explicaciones en sistema braille.

Los alumnos, con edades comprendidas entre los 26 y los 60 años (algunos ciegos, y tres también sordos), podrán contar que han vivido una experiencia única. De hecho, los organizadores creen que es "la primera vez en el mundo que se hace un curso así".

Una de las que se atrevieron a venir de Sevilla a Villaluenga es Amparo Bejarano. Ella contaba que no sabía si volverá a repetir, aunque le ha gustado mucho y se lo recomienda a otras personas en su misma situación. Esta mujer, sorda de nacimiento y ciega desde los 30 años, explicaba a Efe a través de una intérprete que al principio tuvo miedo, especialmente al descender por la cuerda, pero que a lo largo del curso ha logrado relajarse e iniciarse en un deporte que nunca pensó en practicar.


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Federación Andaluza de Espeleología
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