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30 marzo 2010

Juan Antonio Huisa en San Vicente y Las Granadinas

EL ALPINISTA Y AVENTURERO HUISA ACOMETE UNA DE SUS MAYORES AVENTURAS, DE LAS MÁS INTENSAS Y COMPROMETIDAS DE ESTOS ÚLTIMOS AÑOS. TRAS DOS INTENTOS CONSECUTIVOS HUISA NO PUDO CORONAR LA MONTAÑA SOUFRIÉRE DE 1.234 M., EL PUNTO MÁS ALTO DE SAN VICENTE Y LAS GRANADINAS.

Sevilla, 29 de marzo de 2010

De Santa Lucía puso rumbo a San Vicente y las Granadinas, estado de las Pequeñas Antillas del grupo de las islas de Barlovento en el Caribe Oriental. Este país esta formado por la isla de San Vicente, la mayor en extensión, y las 32 islas del sector septentrional de las Granadinas. San Vicente que ocupa casi el 89% del territorio, es de origen volcánico, con un relieve ondulado cubierto por bosque tropical.
Nuevamente a comenzar todas las gestiones de información, localización de la montaña, guías locales, etc…sin embrago en esta ocasión si había compañías que ofrecían servicio de guía y además a un precio relativamente bajo, circunstancia que ya extraño a Juan A. Huisa. Como siempre advirtió para que no sucediera lo de otras veces, la intención era subir al pico más alto de la isla y siempre la respuesta por parte de empresa fue afirmativa.

Huisa: “A la mañana siguiente se presento el guía que además sería chofer hasta la entrada al parque. Hay que rodear prácticamente la isla para llegar allí, así que el camino fue largo y una vez que empezamos a subir por pistas más pronunciadas el coche se calentó y nos dejo tirados. Tras media hora de espera seguimos hacia arriba pero era casi media mañana y me pareció muy tarde para comenzar una ruta de estas características, pero el guía seguía afirmando que daba tiempo. Dejamos el coche y comenzamos a subir, su indumentaria me hacía dudar pero el camino estaba muy bien preparado y ascendíamos con rapidez. Tras hora y media llegamos al cráter Soufriére, de igual nombre que la montaña más alta, y ahí estaba la trampa. A pesar que la gente sabe que el pico más alto se encuentra detrás, toda la gente del país considera que este es el punto más alto y además las vistas son espectaculares. Por supuesto me enfade porque advertí con claridad que no me servía otro punto que no fuera el más alto. Yo insistí en seguir pero me decía que nadie va más lejos, que no existe camino y que nadie conoce como llegar, pero a pesar de eso seguí subiendo y rodeando el cráter buscando el punto más alto.
Una niebla como pocas he visto nos rodeo y no se veía nada a dos metros, el viento soplaba con violencia y teníamos caídas de 200 m. así que aunque yo quise seguir fue del todo imposible y cabizbajo decidí regresar.


Nada más llegar al hotel me puse hacer mil llamadas hasta que localice a un guía que trabaja en el departamento de bosques, organismo ministerial. John llevaba trabajando en esa zona 20 años pero incluso él nunca había subido y desconocía el camino.

Al día siguiente otra vez nos pusimos en marcha, nuevamente llegamos al borde del cráter y aunque seguía nublado en ocasiones se despejaba. Ahora comenzaba una intrépida aventura por un lugar virgen, la montaña se veía perfectamente al fondo y a simple vista la vegetación existente no era arbórea.

El camino se iba complicando cada vez más, y a pesar de que la vegetación era baja, nos cubría por completo. John se tuvo que emplear duro abriendo un nuevo camino entre aquella maleza que se aferraba a uno sin dejarte seguir. Durante tres horas seguimos avanzando lentamente hasta que llegamos al pie de la montaña Soufriére, pero era una autentico paredón vertical con vegetación casi inexpugnable. No había tiempo de buscar otra ruta más asequible así que decidimos encararla tal como nos la encontramos.

Tras un buen rato nos dimos cuenta que la hora se nos echaba encima, y allí de noche sería un problema, así que bastante desilusionados pusimos fin aquella aventura que horas después se convertiría en una dura prueba a superar. Como el camino había sido tan difícil decidimos regresar por un cañón seco que según la trayectoria estábamos seguros se uniría más abajo al camino principal; el único problema que nos podríamos encontrar era toparnos con un barranco o precipicio (cascada si hubiera llevado agua).

En principio avanzamos con facilidad y rapidez, ya que el cañón aunque seco en esos momentos estaba limpio de vegetación. Pero transcurrida una hora llego nuestro peor temor, un barranco de unos 30 metros apareció delante de nosotros, pero en esta ocasión con mucho cuidado pudimos bordearlo y continuamos. Pronto un segundo cañón nos corto otra vez el paso y nuevamente pudimos superarlo, aunque esta vez nos la jugamos. Hay que tener en cuenta que no llevamos cuerdas ni nada para superar con garantías esos pasos, ya que este tipo de montaña no exigía dicho material.
Pero tras media hora más llego un paso infranqueable. Ya de lejos se advertía que algo grande podía ser aquello porque parecía que habíamos llegado a la nada, la tierra literalmente había desaparecido. Y fue espectacular, de repente se abre delante de nosotros una caída de 120 m. al vacío y por supuesto eso ya no había manera de superarlo.

El problema era serio pero sin más dilación abandonamos el cañón por nuestra derecha y comenzamos a subir una empinada y complicadísima montaña. La vegetación era tan espesa que incluso había muchos pasos donde nos teníamos que quitar la mochila porque todo se iba enganchando.
Tras esa subida, una peligrosa bajada continuaba para seguir subiendo después; y así durante algunas horas hasta que la noche nos cogió en aquel infierno con pocas posibilidades de salir bien parados. Por un lado estábamos viviendo una auténtica aventura atravesando territorios totalmente vírgenes pero por otro lado estaba la preocupación de que si realmente podríamos salir de allí. El cansancio y la falta de visibilidad hacían que las caídas, arañazos y golpes cada vez fueran más frecuentes. Y ni que decir de los insectos, arañas y otros seres; la luz frontal a veces era inservible porque atraía a tal cantidad de insectos que a veces era imposible ver.

John y yo intuíamos que la dirección que llevábamos era la correcta pero el camino nunca llegaba y los ánimos iban decayendo hasta que por fin salimos al camino principal. Nos abrazamos como si hubiéramos hecho cumbre, hecho curioso pero cargado de emotividad y alegría, ESTABAMOS A SALVO Y TODO HABÍA QUEDADO EN UNA EXPERIENCIA EL LIMITE.

Descansamos un rato y continuamos la bajada hasta que finalmente llegamos a los coches. No había hecho cumbre pero la próxima vez sería más fácil, ya teníamos localizada la cumbre y además John estaba encantado en repetir conmigo la hazaña.

Al día siguiente, aún dolorido por completo pongo rumbo para mi próximo destino, Granada”.

Juan Antonio Huisa en Santa Lucia

EL ALPINISTA Y AVENTURERO HUISA CONSIGUE SUMAR OTRA CUMBRE DENTRO DE SU AMBICIOSO PROYECTO EN AMÉRICA, EL MONTE GIMIE DE 950 M., EL PUNTO MÁS ALTO DE SANTA LUCÍA.

Sevilla, 23 de marzo de 2010

El primer problema se lo encontró Juan A. Huisa en la misma agencia de viajes en Trinidad comprando los billetes de avión para Santa Lucía, pues le dijeron que en los 3 países que iba a recorrer (Santa Lucía, San Vicente y Las Granadinas, y Granada) le exigirían en la aduana billetes de entrada y salida del país. Así que en media hora Huisa tuvo decidir la planificación exacta de las próximas tres semanas, algo muy complejo, pues si se encontraba un problema no tendría días para solventarlo.

Tras este primer asunto Juan A. Huisa ponía rumbo a Santa Lucía, pequeño estado de las Antillas del grupo de las islas de Barlovento. Tras llegar al aeropuerto internacional se dirigió a la capital del país, Castries, para empezar las gestiones pero como era fin de semana los organismos públicos estaban cerrados así que decidió irse a la zona más turística del país para alojarse y desde allí organizarlo todo.

Todas las gestiones que hizo, que fueron multitud, no tenían ninguna garantía; así que decidió alquilar un coche e irse al sur de la isla, a la población de Soufriere que es desde donde parten las poquísimas actividades que se hacen de montañismo.

Huisa: “ Llegar allí ya fue una odisea para mi, conduciendo por la izquierda, con un coche automático y en una carretera plagada de curvas y baches. Ya en Soufriere, una población diminuta aunque famosa en el país por tener las conocidas montañas Pitons, que son dos volcanes que desde el mismo mar se elevan 800 m., una belleza sin igual que además han inspirado la bandera del país.

Las informaciones eran confusas, contradictorias y cuando estaba a punto de perder la esperanza se presento un hombre en una bicicleta destartalada, mal vestido que me aseguraba ser guía y que había estado varias veces arriba. Después de hablar largo y tendido con él, aunque no me inspiraba ninguna confianza era mi única posibilidad de subir a la montaña; así que quedamos a las 4 de la madrugada, una hora para mi un tanto temprana, pero bueno el guía era él.

A las 4 en punto estaba el guía como un reloj y cogimos mi coche alquilado para adentrarnos en el interior de la isla, la carretera cada vez era más precaria, y el turismo que llevaba no estaba preparado para ese tipo de carretera. De repente me dice que pare y se acerca a nosotros en la noche otro hombre que dice ser su tío y que es un guía conocedor del lugar y que vendrá con nosotros. Información nueva que me intranquiliza y me hace dudar aún más. El asfalto se convierte en pista y en algunos tramos muy verticales el coche parece no poder más, así que llegamos a una pequeña explanada y lo dejamos allí.

Aún es de noche cuando nos ponemos andar, pero cuando llevamos media hora deciden parar y esperar a que amanezca porque no ven con claridad el camino a seguir, así que dudo aún más si cabe. En fin yo les dije que porque tan temprano y ahora nos hacen parar en medio de la selva para esperar que amanezca.

Cuando amanece comprueban que se han equivocado y tenemos que retroceder por el mismo camino, esto pinta muy mal y desde luego nada profesional. Ya de día todo se ve de diferente manera y avanzamos con seguridad y contundencia, con un ritmo fuerte que pronto me hace romper a sudar de manera exagerada. El camino sin embargo es descendente y cuando llevamos tres horas andando llegamos a un riachuelo donde paramos a descansar. Me dicen que ahora empieza lo duro, que los próximos 500 m., son todo de subida y pronto compruebo que es cierto, las vistas son impresionantes pero el esfuerzo es duro.

4 horas más con pasos muy delicados, abriendo con machete a veces y agarrándote donde puedes y por fin llegue a la cumbre. Muy contento por haber cumplido otro objetivo pero con mala suerte porque la neblina no me dejo contemplar las fascinantes vistas. Esta vez he tenido suerte, todo apuntaba que estos guías serían unos estafadores o supervivientes con mucha cara (como he comprobado en otras tantas situaciones) pero cumplieron su palabra, aunque yo antes de subir ya le había comunicado a la policía con quien iba y a donde iba por si acaso, que la experiencia me sirva para algo, aunque os digo que a pesar de todo me seguirán engañando en muchos otros sitios.

24 marzo 2010

Campaña Croacia 2010: ayuda con una camiseta

Estimados compañeros/as.

Por el presente me dirijo a ustedes para informaros que el Grupo Espeleológico Ilíberis, junto con compañeros del Grupo de Investigaciones Espeleológicas de Jerez, pretenden llevar a cabo la segunda Expedición a Croacia para este verano de 2010 en el Parque Norte de Velebit y poder continuar con las exploraciones de la sima descubierta el año pasado, a la que se le bautizo con el nombre de Ilíberis jama (jama significa sima en croata).

Todos sabemos por los momentos económicos que pasamos y con ello la dificultad de financiar una expedición y poder cumplir con nuestros sueños. Por ello, hemos puesto a la venta unas camisetas sintéticas con el propósito de financia la expedición a Croacia. Os adjunto el cartel para la venta de camisetas.

Esperamos vuestra colaboración.

Sin nada más que añadir, reciba un cordial saludo.


Jose Pardo.

Expedición a Croacia 2010

Grupo Espeleológico Ilíberis

http://geiliberis.blogspot.com/

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23 marzo 2010

XXI Jornadas de la SEDECK

Una de las actividades de la Jornadas fue la visita a la Cueva de Doña Trinidad. La visita fue guiada por Pedro Cantalejo quien, como siempre, explico la cueva magníficamente y dio muestra de su gran conocimiento de la misma.

Durante las Jornadas nos encontramos con espeleólogos de varias provincias andaluzas.




La multitudinaria comida la realizamos en un restaurante del pueblo que se vio un poco desbordado pero que nos atendieron muy bien.
Felicidades a la SEDECK por el éxito de las Jornadas y ya saben donde tienen su casa para una próxima edición.
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18 marzo 2010

Juan Antonio Huisa en Trinidad y Tobago

EL ALPINISTA Y AVENTURERO HUISA CONTINUA SU PERIPLO POR AMÉRICA Y CORONA LA CUMBRE MÁS ALTA DE TRINIDAD Y TOBAGO, EL CERRO DEL ARIPO DE 940 M. A PESAR DE NO SER UNA MONTAÑA TÉCNICA, LA POCA INFORMACIÓN QUE HUISA LLEVABA Y UNA VEZ MÁS LA EXUBERANTE VEGETACION, CONVIRTIERON ESTA MONTAÑA EN TODA UNA AVENTURA.
Sevilla, 18 de marzo de 2010
Tras otro largo viaje; Sevilla – Londres - Antigua y Barbuda - Tobago, y finalmente Trinidad, Huisa llegaba a su destino. Es una parte tediosa del viaje, las largas esperas, los mil tramites y aduanas, los pesadísimos vuelos internacionales y las escalas cada vez pesan más a Juan A.


El primer problema se lo encontró nada más llegar, puesto que el vuelo internacional lo dejo en Tobago pero la capital del país, la embajada y la montaña se encuentran en Trinidad, la mayor isla. Como recientemente habían terminado los carnavales (la mayor fiesta del país), todavía había cantidad de gente intentando regresar a Trinidad y las conexiones de vuelo y ferry estaban desbordadas. Lo intento todo pero era imposible salir de allí, así que tras ese agotador viaje todavía continuo la odisea un día y medio más hasta que pudo llegar a Trinidad.

Ya en la capital una de las primeras gestiones que hizo fue ponerse en contacto con la Embajada y el Sr. Embajador Joaquín Arístegui Laborde lo atendió muy calidamente y se impresiono por la magnitud del proyecto. Como Huisa llevaba muy poca información sobre esta montaña, desde la embajada se trabajo intensamente para obtener esos datos y contactar con algún guía local.

Al día siguiente Huisa ponía rumbo al Cerro del Aripo.


Huisa: “Cristo, mi guía local, era buen conocedor de ese territorio y además era un especialista en plantas medicinales puesto que era el chaman de su grupo, así que la subida fue más entretenida aún.

Como a esta montaña no viene nadie, el poco sendero que existe en multitud de ocasiones estaba cubierto de vegetación, asunto que Cristo solucionaba rápidamente con su enorme machete. Poco a poco íbamos avanzando a través de un bosque muy cerrado que en muy pocas ocasiones me dejaba vislumbrar la belleza del paisaje. Una kilométrica arista ascendente con barrancos de vértigo a ambos lados te hacían pensar en más de una ocasión que pasaría ante una caída; y la respuesta era sencilla.

Había árboles con el tronco tapizado totalmente de unas púas largas y urticantes que hacían extremar las precauciones, aunque en muchas ocasiones estuve a punto de clavármelas, bien por caídas o bien por falta de visibilidad.

La subida fue muy progresiva con algunos tramos muy verticales, hasta que por fin llegamos a la cumbre del Cerro del Aripo; una cumbre cerrada sin posibilidad de ninguna vista y que solo gracias a un mojón y al altímetro podías estar seguro de estar en la cumbre.

La bajada fue en esta ocasión casi más difícil que la subida, por eso de los apoyos, de no tocar las púas, y del calor sofocante.

Ya de regreso a la capital informe a la embajada de todo y como homenaje y anecdótico me comí un típico bocadillo de tiburón (Bake & Shark) en la playa más popular de Trinidad, Maracas Bay, que si no te dicen que es tiburón piensas que te estas comiendo un bocadillo de cazón.

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